La Congregación de las esclavas de la Inmaculada Niña, Divina Infantita en Querétaro, se debe a petición del Gobernador; Lic. Agapito Pozo Balbás, para hacerse cargo de la formación y educación de los niños del Hospicio Vergara en 1940. Proyecto humanístico a cargo de la Reverenda Madre Rosa María Esquivel. En la sucesión de cambios llegó:

R. M. María Teresa de los Ángeles Orellana Murguía (Madre Pepita). Fue superiora del Hospicio Vergara de Querétaro desde el 10 de enero de 1959. Fundó el colegio Alma Muriel el 8 de febrero de 1954.

Para 1950, llega como superiora la Madre San José Orellana Murguía que se había entregado por completo en difundir el amor a la Divina Infantita, por lo cual formó un grupo de niñas cantoras; para ese propósito contó con la Mtra. Florencia Marín González (Florecita), quien se dedicó a inducir a los niños a cantar con sus voces blancas a la hermosa Virgen Niña.

Ahí conoció a Fray Pedro Chávez de la Orden Agustina, quien le aconseja que ponga una institución de esta congregación, porque podía suceder que viniera algún gobernador que quisiera dar las gracias por el servicio que habían prestado y Querétaro se podía quedar sin el apoyo de la religiosas.

Como cariñosamente la llamaban no pudo conseguir la ayuda con la rapidez que el padre Chávez deseaba.

Un buen día le dijo que no era posible seguir ayudándola, que ya no volviera con él hasta que le trajera una buena noticia.

Llegó el día en que ya no podía apoyarla, hasta que hubiera conseguido la ayuda para dar inicio al proyecto.

Esto le pudo mucho a la religiosa y se comunicó con la Madre General de la Congregación, quien le otorgó el permiso, haciendo de su conocimiento que la Congregación no tendría el dinero rápidamente.

La Madre Pepita contestó “que no se apurara, ya que tenía amistad con un grupo de filántropos y estaba segura que la apoyarían”.

Se comunicó con el Padre Chávez, quien valiéndose de la Sra. Goyeneche y de la Srita. Lupita Ortega, benefactoras; salieron en busca de alguna casa que se pudiera rentar o comprar.

La Madre Pepita se comunicó con Don Santiago Galas Arce, quien le prometió pasar a verla a la mayor brevedad, haciéndose acompañar de algunos amigos, entre ellos Don Luis Barroso y el Sr. Palazuelos, quienes como labor altruista y con mucho entusiasmo cubrieron la cuenta.

La Madre María de San José, con el afán de establecerse en Querétaro y continuar con el proyecto de fundar un colegio, mismo que se vio realizado al comprar la casa en la calle de Independencia número 31, empezó a adecuarla para abrir las puertas de este Centro Estudiantil.

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